I

¿Que se aprende en la universidad que no se aprenda a mano propia?, Carlyle decía que la universidad no hace mas por nosotros que lo que hizo la primaria (es decir enseñarnos a leer); Iván Illich que no es una institución de aprendizaje sino una iglesia de iniciación ritual (de consumo progresivo) y no puedo omitir a Gabriel Zaid que no temía señalar a la universidad como punto transitorio a la pirámide de la burocratización. La pregunta sigue en el aire, y no creo poder contestarla (no hasta que tenga los dones meritocraticos para hacerlo), lo que si puedo hacer es confesar un pecaminoso pensamiento: que en la universidad importa más enseñar que aprender.

Costosos equipos de computo, grandilocuentes títulos, festivales, congresos, seminarios y todo esta muy bien pero, ¿y que?, La vida universitaria se parece mas a una guerra territorial (simbólica o física) que un liceo o academia. La batalla puede ser física (en competencias deportivas) o simbólicas (ponencias y presentaciones). ¿Y para que era la universidad?, para aprender supongo, pero si se enfocan mas los esfuerzos a enseñar (demostrar) que en el aprendizaje, ¿Qué se obtiene de la escuela superior?, ¿información? Esta caduca tan rápido se practica; ¿cultura? Hay más cultura en 5 horas semanales de lectura que en 30 horas semanales de clase; ¿preparación?, nada te prepara para la vida fuera de la vida. La escuela es sinónimo de educación, y universidad, de educación superior, pero… ¿existe una educación superior como tal?, Una hora diaria a la semana de cualquier materia no garantiza un desempeño brillante. Un formato de plan de estudios que reparte de 50 a 120 minutos diarios a una especialidad me inspira la imagen de un gansito, empaquetado, bonito y consumible (de gozo efímero y cualidades proteicas muy cuestionables).

Si no existe un cambio profundo en el educando, el resultado no es diferente al de los perros de Pavlov (con la novedad que se sustituyen las campanadas por un número del 0 al 10) aunque realmente no se si Pavlov amaestro a sus perros; detalle que no omite la universidad. Algo atribuible a los profesores es su bagaje pero, Si la cultura es acumulación, ¿es más culto el especialista de Confucio que el mismo Confucio? Después de todo, el filosofo chino no escribió testimonio de sus enseñanzas (pero si hay mucho material sobre el) o con el ejemplo griego, ¿Sócrates era inferior a platón, Aristóteles y otros mas, solo porque no escribió libros?, ni siquiera leyó (que digo, detestaba los libros) o se preocupo por ello. Pero, ¿Cuál es la medida de la cultura?, ¿es más culto el bibliofago que el campesino?, La pregunta lastima por el solo hecho de comparar a un insignificante ranchero con el honorable devora libros, pero calma, me atrevo a pensar con inhumana frialdad que la diferencia entre ambos es solo teórica y practica. Un mandamiento no escrito reza que la nobleza teórica es ajena a la sucia practicidad. Los eufemismos son frecuentes para mantener tacita esta idea. La teoría es una palabra intercambiable a ideal-idealismo, verdad-verdadero, correcto-bueno Si la teoría (ejemplo, televisoras culturales,) es lo noble, ideal, verdadero y bueno, su antitesis, lo práctico, es lo corrupto perverso y malévolo. La idea de negociación es lo mismo que traición.

Entonces, ¿Qué se extrae de la enseñanza cuando no se aprende?, Hace tiempo una amiga me comentaba lo dura que es la escuela pero que se sentía orgullosa de todo lo que sabia. Me platicaba que ahora sabe que esas personas que matan y violan (estudia psicopedagogía) fueron abusados de niños, que solo responden a como se criaron. Cuando le pregunte que haría por ellos en su profesión, dijo:-¡Los mataría, violara, malditos!... Bien, esta claro que lo que lo “aprendido” no la cambio mucho. Pero si la cultura es memorización, ahora es más culta, debe saber al derecho y al revés las teorías psicopedagógicas. Lo que obtuvo mi amiga fue la capacidad de disociar el conocimiento académico al de la vida cotidiana. Justo Sierra coincidía con Tomas Carlyle sobre el papel de los libros y la universidad. Carlyle decía que estos últimos eran la verdadera universidad, pero Sierra fue mas certero: la universidad (no educa espíritus) adiestra. La diferencia entre el aprendizaje y el adiestramiento es la motivación (psicología del aprendizaje, Rubén Ardila); el maestro supone esta función, aunque en la práctica se manifieste lo contrario. No es que sea una ofensa a la teoría (que en términos universitarios es lo ideal, verdadero y correcto) es que en contraste con la practica, tal cosa es una quimera. Dotar a un individuo de características entendidas como mejores (inteligencia, cultura, sensibilidad, flexibilidad, entre muchas otras) y que todo esto sea capaz de conmover a un grupo de personas de distinto origen (un grupo-clase) suena maravilloso, aunque hay que entender que las condiciones perfectas viven solo en el reino de la imaginación. Esto no es una verdad restringida a los elegidos, cualquiera con un poco de sentido común lo percibe, pero es bastante conveniente ignorar esos pequeños detalles. Esta ignorancia conveniente tiene similitudes con un contrato: (1) acuerdo de voluntades, (2) obligaciones y (3) derechos: (1) La oferta de cinco años de entrenamiento para la vida intelectual no es garante de un verdadero saber, y sin embargo, se acepta; (2) No es solo asistir a clases, es también el sometimiento a la voluntad docente; (3) Lo que se busca no es un saber, sino obtener facultades (de obtener empleo) por medio de un titulo. Si la teoría es sinónimo de nobleza (hacer de este mundo un mejor lugar) entonces el titulo es su confirmación: He aquí el nuevo titulo nobiliario.

II
Un aforismo que recorre diversos artículos en publicaciones universitarias reza: la televisión no te dice que pensar, pero si que puedes pensar; ¿será que la universidad desconoce aquella frase del Talmud, no vemos la cosas como son sino como somos o se siente proyectada de alguna manera? Tal vez el desarrollo intelectual no favorezca la inteligencia emocional, ¿o no es un tanto soberbio creer que se puede llegar a un mismo pensamiento (el propio) con la necesaria información?, esta creencia es el pilar de periodistas y estudiantes. Lo curioso es que para hacer llegar estas informaciones a las mayorías, se requiere de un titulo para poder hacer algo: son parte del sistema para criticar al sistema. ¿Y que papel juega la ética? ninguno: La ética adiestrada es una deontología disfrazada. No se exige pensar igual, solo que no se salga de los parámetros de la prudencia. La moraleja es siempre la misma: hemos sido denostados por una fuerza superior (llámese la derecha, el imperialismo, los conquistadores). Del radical al moderado, todos sostienen un discurso de agravio que en el fondo es solo un berrinche lacrimógeno: político (los partidos se prostituyen), cultural (necesitamos mejor cine), religioso (engañan al pueblo). Esta tara es una jaula… de melancolía. Escudándose con la bandera de compromiso social, imponen su interpretación a todo crimen o acto reprobable. Con respuestas perennes a las preguntas perennes, la enfermedad histórica se cierne sobre la universidad. Una variante en toda revista semestral, es que se afirma que hacen falta esfuerzos. Como si ya todo estuviera dicho y solo falta que nos esforcemos para llegar al idílico paraíso. Si el pensamiento esta supeditado a una tara melancólica, las soluciones salen sobrando cuando todo esta regido por un todo. Las ideas son sustituidas por voluntarismo. La creencia que no se necesita razonar sino unificarse en una voz es de herencia marxista (las masas se revelaran), idea cuya naturaleza obedece al mecanismo de la limosna: sobornar a la consciencia con migajas. Inducir la concientización por medio de artimañas sentimentalistas (tu deber, tu preocupación, tu futuro) conduce, más que a buscar soluciones, a buscar acallar la angustia. Los bloqueos peatonales, huelgas y manifestaciones, son desfiles de expiación. El punto toral de la doctrina seria algo así como, se nos de algo que carecemos pero que por derecho es nuestro, ese algo que nos fue arrebatado, pero que es nuestro destino. Ese algo, es el ser. Este esquema ontológico se reproduce en la universidad, cambiando la conversación por el discurso.